Vuelve
By Insana.
Me intrigas. Me vuelves subversivo con tu forma de pensar. Todo el día estoy pensando en que tontería inventaras. Me excitas, y a veces me deprimes también.
Una vez te vi rasurándote después de tener sexo. Dejaste la puerta del baño entreabierta y veía tu perfil mirando fijamente al espejo. Tan masculino. Tan como me gustas. Y de pronto te llevaste la navaja al cuello y yo me quedé sin respirar un segundo… pensando,
asustado, incapaz de moverme… y después de una eternidad volviste al rasurado.
¿Cuántas veces te he asesinado? Me lo has pedido muchas veces, y ninguna he accedido. He matado a mil personas sin siquiera reparar en su mirada suplicante (Soy una medusa, ¿recuerdas?), pero a ti nunca he podido apuntarte. Solo he podido besarte y abordarte con mi cuerpo, embestirte mientras te lo hago es lo más agresivo que te he hecho, y aun así me siento mal.
Y así tan listo, buscas que te mate. Me retas a hacerlo. Te vas con otros y vuelves. Me volteas la cara. No contestas mis llamadas. Te ríes de mi arte, y de mis cartas también (seguro te estas riendo de esta). Y cuando ves que no cedo, vuelves de nuevo. Te quitas la ropa, me muerdes el cuello y después del sexo me invitas a dormir, a soñar, a entrelazarnos en la soledad de nuestras profundas mentes, cubiertos solo por el pétalo de una sabana fría.
Anoche, antes de que te fueras y dejaras la puerta abierta, soñé que Dios existía y que me decía que mi labor era amarte. Y tú sabes lo que eso significa. Para Dios amar es morir. ¿Debo morir por ti?, ¿debo dejar que el único dogma de la vida descienda sobre mi? ¿por ti? ¿por fin?
Vuelve amor. Te extraño.
Una vez te vi rasurándote después de tener sexo. Dejaste la puerta del baño entreabierta y veía tu perfil mirando fijamente al espejo. Tan masculino. Tan como me gustas. Y de pronto te llevaste la navaja al cuello y yo me quedé sin respirar un segundo… pensando,
asustado, incapaz de moverme… y después de una eternidad volviste al rasurado.
¿Cuántas veces te he asesinado? Me lo has pedido muchas veces, y ninguna he accedido. He matado a mil personas sin siquiera reparar en su mirada suplicante (Soy una medusa, ¿recuerdas?), pero a ti nunca he podido apuntarte. Solo he podido besarte y abordarte con mi cuerpo, embestirte mientras te lo hago es lo más agresivo que te he hecho, y aun así me siento mal.
Y así tan listo, buscas que te mate. Me retas a hacerlo. Te vas con otros y vuelves. Me volteas la cara. No contestas mis llamadas. Te ríes de mi arte, y de mis cartas también (seguro te estas riendo de esta). Y cuando ves que no cedo, vuelves de nuevo. Te quitas la ropa, me muerdes el cuello y después del sexo me invitas a dormir, a soñar, a entrelazarnos en la soledad de nuestras profundas mentes, cubiertos solo por el pétalo de una sabana fría.
Anoche, antes de que te fueras y dejaras la puerta abierta, soñé que Dios existía y que me decía que mi labor era amarte. Y tú sabes lo que eso significa. Para Dios amar es morir. ¿Debo morir por ti?, ¿debo dejar que el único dogma de la vida descienda sobre mi? ¿por ti? ¿por fin?
Vuelve amor. Te extraño.

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