miércoles, 24 de junio de 2009

Medusa. (Especiales)

Medusa.
By Insana.

Creo que me he enamorado. Y no se trata de una persona. Se trata de una criatura, un ser, un animal.

Muchas personas se identifican con ciertos animales, o tal vez no tanto, simplemente adoptan a un animal al que entr
e todos los demás suelen llamar su favorito. Los más comunes son el gato y el perro, pero también he escuchado de iguanas, de peces, pájaros y tarántulas, o serpientes y monos. Algunos de estos animales se pueden tener como mascota en casa, pero el termino mascota para mi es igual a esclavo o siervo sentimental de un humano, así que he dejado de lado la cría de mascotas (a menos que fuere un animal adoptado y necesitado, claro).

Mi animal favorito, hasta hace poco, se trataba de nada más y nada menos que el común gato. Y me sigue gustando, por supuesto. Nunca dejaré de amar a los gatos, por su sensualidad, su limpieza, su misticismo y su inteligencia. Son como esos amantes que nunca están contigo, que siempre tienen otra casa, que siempre vuelven revolcados, que siempre vuelven con hambre rogándote comida, y al poner esos ojitos tristes bajo tus narices, a pesar de lo cruel e infiel que ha sido contigo, no puedes resistirte y te lanzas sobre ellos para abrazarlos y apapacharlos en lo que necesitan, y ellos, seguros de su victoria (siempre) ronronean de placer.

Sin embargo, tengo que poner de lado un momento a los gatos, porque como he narrado en el párrafo anterior, me traen malos recuerdos de malos amores.

Buscando y no buscando, como con una leve chispita de esperanza en mi conciencia, descubrí a las medusas. No las descubrí literalmente, claro, porque ya sabía que existían. Aunque como la mayoría de la gente asociaba constantemente el nombre Medusa con aquella mujer que no conocía el shampoo en la mitología griega. Las medusas reales, las marinas, tienen muy poco protagonismo en la vida cotidiana. Y son de ellas de las que me he enamorado.

Reúnen todo lo que yo busco en un animal (es decir, para llamarlo “mi favorito”): Son misteriosas, son hermosas, son seductoras, son casi únicas, y sobre todo… son letales.

También conocida como Avispa de Mar, o Anémona, hay alrededor de 4,000 especies de medusas, trecientas de las cuales viven en el Mar Mediterráneo. Las más comunes son esas transparentes y hermosas, aunque muy difíciles de ver, llamadas “Pelagia noctiluca”. La medusa pertenece al grupo zoológico de los cnidarios (“Cnida”, latín = Urticante). Los seres vivos que pertenecen a este grupo poseen unas mini-células venenosas con pequeñas micro púas, que van adheridas a sus largos tentáculos que utilizan para atrapar a sus victimas. Su veneno es muy molesto, dejando graves quemaduras a bañeros descuidados, y contaminando la pesca de los barcos pesqueros. Ya se han registrado casos de muerte por medusa en el mundo, en Australia, por ejemplo, donde se han registrado más muertes por medusas que por ataque de tiburón.

Su existencia es placentera, pacifica, como ya he dicho, atractivas por naturaleza seducen a su alimento, atrapándolo en su letal veneno y alimentándose tranquilamente.

Su imagen me recuerda los sueños. Dicen que soñar con medusas significa que uno suele dejarse seducir por el vaivén de la vida sin medir los daños. No creo en eso, claro, pero me parece poético. No hablan, no producen sonido. No son de extremidades comunes (háblese de patas, cola, aletas o manos) como otros animales. No tienen sangre en sus venas, si no agua, simple agua. Y siempre parecerán brillar con esa luz propia.

En un lago, sin embargo, en Palau, en el Océano Pacifico, llamado Ongeim`I Tketau (no se como se pronuncia), existe algo único y extremadamente atractivo para mi: un lago de medusas inofensivas. Según los estudios, las medusas llegaron a este lago cuando la marea era alta, y se quedaron atrapadas en el. Como en el lago no tenían predadores que las acosaran (como la tortuga marina), fueron perdiendo poco a poco sus letales venenos y se fueron multiplicando velozmente. Es el único caso de medusas inofensivas con las que se puede incluso nadar, registrado en el mundo. Como he descubierto que mi animal favorito es la medusa, ahora, una nueva meta en mi vida será visitar ese lago antes de morir.


[Nota: Dejaré por aqui un poema de José Emilio Pacheco que hace honor a estas criaturas]


"Flores del Mar"
By José Emilio Pacheco.


Danza sobre las olas, vuelo flotante,
ductilidad, perfección, acorde absoluto
con el ritmo de las mareas,
la insondable música
que nace allá en el fondo y es retenida
en el santuario de las caracolas.

La medusa no oculta nada,
más bien despliega
su dicha de estar viva por un instante.
Parece la disponible, la acogedora
que solo busca la fecundación,
no el placer ni el famoso amor,
para sentir: ya cumplí,
ya ha pasado todo.
Puedo morir tranquila en la arena
donde me arrojarán las olas que no perdonan.

Medusa, flore del mar. La comparan
con la que petrifica a quien se atreve a mirarla.
Medusa blanca como la X`Tabay de los mayas,
y la Desconocida que sale al paso y acecha
desde el Eclesiastés al pobre deseo.

Flores del mar y el mal de las Medusas.
Cuando eres niño te advierten:
Limítate a contemplarles
Si las tocas, las espectrales
te dejarán su quemadura,
la marca a fuego, el estigma
de quien codicia lo prohibido.

Quizá dijiste en silencio:
Pretendo asir la marea,
acariciar lo imposible.

Nunca lo harás: las medusas
no son de nadie celestial o terrestre.
Son de la mar que no es ni mujer ni prójimo.

Son peces de la nada, plantas del viento,
quizá espejismos,
gasas de espuma ponzoñosa.