martes, 11 de noviembre de 2008

Bananas Lunares (Cuentos)

Bananas Lunares
By Insana,
para Jorge Luis Salgado Sánchez, y su tarea de Animación y guionismo.
© Todos los Derechos de la Obra reservados.

Había una vez, en una jungla, un pequeño simio llamado Manu. Un simio que todas las noches, cuando la luna menguaba, la admiraba sin siquiera parpadear. Manu estaba seguro de que la luna tenia forma de banana, y que los simios provenían de ahí.
Un día le comentó a su amigo Danu lo que él creía:
-¿Cómo crees eso? -le dijo Danu, riendo-, ¿de que forma fue que llegamos los simios aquí?
-Yo pienso -comenzó a alegar Manu-, que alguno de nuestros antepasados pudo haberse colgado de un meteorito que pasaba cerca de la luna y así llegar aquí…
-Esas son tonterías -le dijo Danu-, yo pienso que los simios nacimos aquí y aquí desapareceremos todos… además, ¿en la luna que comeríamos, bananas lunares? -y dicho esto, se hecho a reír.
-Pues yo creo que las bananas lunares deben estar muy buenas.
Manu era un simio muy aferrado, y estaba tan seguro de que en la Luna debía haber un millón de plataneros largos y tupidos de plátanos lunares, blancos como la nieve, y de un sabor tan dulce como jamás hubiese existido. Tan aferrado era que ideo un millón de formas para intentar llegar a la Luna.
En una ocasión se arrojó de una rama doblada como resorte, apuntando hacia la Luna, pero lo mas lejos que pudo llegar fue a la roca de una colina con forma de sandia.
En otra ocasión se aferró a las patas de una guacamaya adulta con la esperanza de que esta lo llevara volando hasta la luna, pero la guacamaya se canso tanto de cargarlo que termino arrojándolo en un pantano.
En otro intento, ató una liana con un gancho para ver si así podía alcanzar la punta de la luna y colgarse hasta ella, pero lo único que consiguió fue atarse al ala de un ave misteriosa que no había visto jamás. Era un ave de color grisáceo como la ceniza, y emitía un ruido constante y aturdidor, como el de un tigre. Esta ave voló tan lejos que lo transporto de su jungla verde y colorida, a una jungla gris y pálida.
Cuando el ave tocó tierra firme, Manu se puso a salvo, pero se dio cuenta de que ya no estaba en su hogar. Ahora lo que veía en lugar de árboles eran largas estacas, grises y delgadas, clavadas en el suelo. Y en lugar de simios, veía una criatura muy singular de la que solo había escuchado hablar en los cuentos de sus abuelos: humanos.
Los humanos sintieron por Manu mucha curiosidad, y le pusieron un sobrenombre: “El simio volador”. Los humanos adoptaron a Manu, y Manu se acostumbro con el paso del tiempo a su trato y a sus costumbres, también a su comida, aunque seguía anhelando las bananas lunares.
Cuando Manu pensó que su sueño nunca se realizaría, sucedió algo que hizo que su corazón destellara de alegría:
-Manu ha sido seleccionado junto con diez simios más para viajar con una tripulación de humanos a la Luna.
Cuando Mano escuchó esto, brincó de alegría, dio vueltas de alegría, gritó de alegría…
-Pero todavía tienes que pasar muchas pruebas para ser seleccionado entre esos diez simios, Manu –le advirtieron los humanos.
Pero Manu estaba seguro de que él seria seleccionado. Por eso puso mucho esmero en las pruebas, en donde tuvo que hacer ejercicio, en donde tuvo que responder a pruebas con colores y figuras, en donde tuvo que aprender muchas cosas mas... y cuando hizo todas las pruebas solo le quedaba esperar.
-Manu ha sido seleccionado -dijeron los humanos, imposibles de creerlo.
Pero Manu lo sabía. Lo sabía desde el principio.
Esa mañana llegaron dos humanos muy sonrientes por él. Lo transportaron en otro animal gris como el ave que lo había llevado hasta la estación espacial, en donde un enorme animal blanco y con forma de montaña lo transportaría hasta la luna. Le dieron un disfraz con un casco en forma de burbuja, igual al de ellos, pero adecuado a su tamaño, y subieron con él a la nave.
El animal comenzó a rugir, y Manu se pego a la ventana para ver como el suelo se iba alejando cada vez mas y mas, hasta que se fue haciendo tan pequeño, y la tierra tan redonda y azulada, como una pelota. Cuando Manu miró hacia arriba, vio la Luna tan cerca como jamás imaginó verla.
Aterrizaron despacio, y cuando la puerta se abrió, Manu bajó corriendo para tocar el suelo de la Luna, pero para su sorpresa, comenzó a flotar, y los humanos le explicaron que tenía que caminar con mucho cuidado porque en la luna la gravedad era diferente. Manu, sin embargo, lo sospechaba. Pensaba que así era más divertido para los simios brincar, y cada vez estaba mas seguro de que pronto se toparía con uno.
Pero la luna estaba desolada. Parecía un desierto yermo y blanco, frío y lleno de cráteres. Los humanos caminaron por varias horas sin encontrar nada. A Manu se le fue haciendo cada vez más y más chiquito el corazón, hasta que quedo del tamaño de una nuez.
Cuando los humanos se disponían a marcharse, Manu se volvió para echar una última mirada a la Luna, y justo en ese momento vio una pequeña cabeza asomándose detrás de una loma. Era la cabeza de un simio, que lo miró asombrado antes de desaparecer. Manu se hecho a correr sin importarle los gritos de los humanos. Manu tenía que encontrar la procedencia de ese simio. Corrió tan rápido y tan fuerte, que pronto perdió de vista a los humanos. Corrió tan rápido y tan fuerte, que su traje se rasgo y se le fue cayendo poco a poco, y cuando pensó que se asfixiaría, resulto poseer la capacidad de respirar el aire de la Luna, eso solo le decía una cosa: que los simios podían vivir en la Luna sin ningún problema.
Entonces dio vuelta en una loma, y cuando creyó que casi alcanzaba al simio lunar, lo único que vio fue rocas y cráteres. Todo estaba silencioso. De pronto todas sus esperanzas se cayeron, y pensó en volver antes de que los humanos partieran sin él. Pero al dar vuelta, algo lo golpeo en la cabeza y se volvio para ver que era: en el suelo, sobre un montoncito de polvo blanco, había una banana, una banana blanca con pequeñas manchas negras. Manu se acercó y la recogió, la miró incrédulo a su existencia. Entonces la partió y probó su pulpa. Era la banana mas dulce y deliciosa que jamás hubiese probado en su vida.
Escuchó una risita y miró en todas direcciones para ver de donde provenía.
-Hey, aquí arriba -dijo una voz, y Manu miró hacia arriba. Sobre un enorme Platanero flotante, había una manada de simios lunares con cascos en forma de corona que lo miraban sonriendo, y con bananas lunares en las manos-, ven con nosotros -le dijeron, y Manu, anonadado, dio un brinco tan alto que llego hasta ellos en cuestión de segundos. Entonces el platanero comenzó a moverse lentamente y cuando menos lo esperaba, Manu y el platanero en que viajaba estaba rodeado de muchos más plataneros, repletos de simios lunares con cascos que lo miraban asombrados y divertidos.
Sin soltar su banana lunar, Manu miró como la nave espacial se alejaba de la luna, pero ya no tenia motivos para preocuparse, pues estaba seguro de que había encontrado su verdadero hogar.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Sangre y Oro (Libros)

"Cada palabra tiene un significado, cada significado tiene un labor, cada labor tiene un resultado, y cada resultado produce una emoción... leer palabras es tan emociónante": Nicolas Severo.

Fragmentos del libro Sangre y Oro, by Anne Rice.

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(Pág. 258)

“Que firme, que clara sonaba su voz. Que seguro estaba de lo que decía. Con que presteza recriminaba a cualquier hijo de Satanás que no hubiera conseguido asesinar bárbaramente a algún mortal. Era la voz de un hombre la que oí brotar de labios del muchacho que había conocido tiempo atrás. Me estremecí horrorizado.”
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(Pág. completa 477)

“No podía soportarlo mas. Entré de inmediato en el salón de baile.
La orquesta interpretaba una de las fluidas y delicadas danzas que estaban de moda en aquel entonces, muy distinta de la música trepidente que se impondría posteriormente. El salón estaba lleno de rostros radiantes, figuras que bailaban alegremente en un sinfín de colores.
Miré a través de los animados asistentes, moviéndome despacio a lo largo de un muro y luego de otro.
De pronto la vi. Ella no se había percatado de mi presencia. Su compañero no le había enviado una advertencia mental.
Estaba sentada sola, magníficamente vestida con uno de sus elegantes atuendos, compuesto por un corpiño ceñido y una vistosa falda fruncida. Su bello y pálido rostro estaba enmarcado por su maravilloso pelo castaño, que llevaba artísticamente peinado en un moño alto adornado con rubíes y diamantes.
Me apoye en el clavicordio, sonriendo con benevolencia al músico que lo tocaba con gran destreza, tras lo cual me volví para mirarla.
Que expresión tan triste mostraba, que remota, que increíblemente hermosa. ¿Admiraba tal vez los colores de la habitación, como yo?, ¿Sentía hacia los mortales el dulce amor que sentía yo? ¿Qué haría al darse cuenta que la observaba?
No lo sabía. Temía su reacción. No podía adivinar nada hasta que oyera el sonido de su voz. Seguí contemplándola, saboreando ese momento de dicha a salvo de cualquier contratiempo.
De improviso, Pandora me vio. Me reconoció entre un centenar de rostros. Al mirarme, sus mejillas se tiñeron de rojo y abrió la boca para pronunciar mi nombre.
La oí a través de la sutil y dulce música.
Me lleve los dedos a los labios, al igual que había hecho Bianca hacia un rato, y le lancé un beso.
Que triste y contenta a un tiempo parecía. Me miro esbozando una media sonrisa. Permanecía inmóvil, como si no pudiera moverse, al igual que yo.
¡Aquello era intolerable!, ¡No soportaba permanecer separado de ella por esos volúmenes de silencio!
Atravesé rápidamente el salón y me incline ante ella. Tomé su mano fría y blanca y la conduje hacia la pista de baile, sin hacer caso de su resistencia.
-No, eres mía, mía, ¿Me oyes? -murmure-. No trates de apartarte.”
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(pag. 71)

-No conviertas la razón y la lógica en una religión –me dijo-. Porque, con el tiempo, la razón te fallara, y cuando esto suceda, quizá tengas que refugiarte en la locura.
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(pag. 286)

-¿Quién sois… en realidad? -me preguntó en un murmullo suave y vacilante.
-¿Y vos? ¿Quién sois en realidad? -contesté sonriendo. Bianca me miró muy seria. Luego sonrió también, pero no respondió, ocultando en su interior todos sus secretos, las cosas sórdidas, unas cosas relacionadas con sangre y oro.
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(Pag. 335)

“-Eres mío, Amadeo -musite, envuelto en esa dulce sensación-, Eres mío para siempre -dije-. Jamás he amado a nadie como te amo a ti.”
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(pag. 495 y 496)

“La hoja de pergamino estaba cubierta de polvo, y en cuanto la desdoble, leí una fecha escrita con tinta antigua que confirmaba que la carta había sido escrita la noche en que me separe de Pandora.
Fue como si los cincuenta años que me separaban de aquel dolor hubieran desvanecido.

Querido Marius.

Esta a punto de amanecer y solo dispongo de unos momentos para escribirte. Como te hemos dicho, nuestro carruaje partirá dentro de una hora para conducirnos a Moscú.
Nada ansío mas que ir a reunirme contigo ahora, Marius, pero no puedo. No puedo alojarme en la misma casa que alberga a los Ancianos.
Te ruego, amor mío, que vengas a Moscú. Te suplico que vengas y me ayudes a librarme de Arjun. Mas tarde, podrás juzgarme y condenarme.
Te necesito, Marius. Deambulare por las inmediaciones del palacio del zar y de la gran catedral hasta que aparezcas.
Se que te pido que emprendas un largo viaje, Marius, pero te ruego que vengas.
Al margen de lo que te haya dicho sobre mi amor por Arjun, lo cierto es que estoy sometida por completo a él y deseo volver a ser tu esclava.
PANDORA”

domingo, 9 de noviembre de 2008

Registro Verde, parte 3 (Notas)

Registro Verde
By Insana.

He visto algunas frustraciones a lo largo del poco tiempo en que mi proceso ha avanzado. Una de ellas, ha sido la expresión de mi idea a quienes me rodean. A algunas personas les ha parecido genial, mientras que otras me han hecho ver como un dicharachero caprichoso.

Estas son algunas de las reacciones tomadas por los que me rodean y conviven diariamente conmigo, al momento de explicarles mi decisión:

L.G.G.C. y E.R.C (hermanas): [En la mañana] Las tome desprevenidas una mañana y les anuncie que próximamente comenzaría a sacar de mi dieta todos los tipos de carne. Les pedí de la manera mas atenta que si algún día pensaran en invitarme a comer o algo, pensaran en que no comería carne… y su reacción fue reírse a carcajadas. No se lo tomaron tan mal.
D.G.B (job): [A la hora de la cena] Cuando me ofreció una rebanada de pizza con pepperoni y jamón, y me vi rechazándola, entonces tuve que explicarle el porque. Primera reacción: “Pero no puedes dejar de comer carne, vas a necesitar proteínas”. Me veo envuelto de nuevo en un ardid raro sobre explicaciones, y al fin me dice: “Pero necesitas la carne”… y yo le dije: “No, no la necesito”. Pero lo que pudo haberse convertido en una agradable cena se convirtió en un silencioso lanzar de miradas de burla, desprecio e incomodidad. Al final me comí mi ensalada en silencio.
M.M.G. (friend): [De paseo por un mercado ambulante] Íbamos de puesto en puesto curioseando y admirando, cuando la tripa de M.M.G. se despertó y se le antojaron unos tacos. Cabe recalcar que ella es vegetariana, pero pues el hambre es canija. El chiste es que solo había unos tacos de no se que mamada sin carne que a mi no me gustaban, y los que quedaban eran de échate un taco de mucha carne, y tuve que rechazarlo. Ella me insistió bastante y yo le decía que yo la acompañaba pero que yo no quería, y al final nos fuimos. En fin, al final me confeso que como es raro todo porque mientras a ella su doctor esta aferrado a pedirle que coma carne, yo la estoy dejando.
G.M.G (friend): [En un momento cualquiera] Al ser una persona importante para mí decidí contarle, y cuando intenté explicarle el proceso en el que me iba a envolver solo dijo: “Hay, el que quiere ser solo se vuelve y ya”… Y yo… “Pero, quiero el apoyo de mis amigos, es decir, que en una fiesta no se…”, y ella: “Eso solo tu puedes cambiarlo, nadie te va a obligar a nada”…
U.G.F. (friend): [Conversación por msn] Tengo la intriga de saber que pensaría una pareja de su novio vegetariano, y pues el dice que le apoyaría sin ningún refunfuño, pero al explicarle lo compleja que seria la relación: En las fiestas él no comería carne, en la casa tendrían que tener muchos cambios, al ir a cenar… y dice. “Ah, si es cierto… creo que a fin de cuentas o me convertiría también, o de plano terminaríamos”.