lunes, 10 de noviembre de 2008

Sangre y Oro (Libros)

"Cada palabra tiene un significado, cada significado tiene un labor, cada labor tiene un resultado, y cada resultado produce una emoción... leer palabras es tan emociónante": Nicolas Severo.

Fragmentos del libro Sangre y Oro, by Anne Rice.

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(Pág. 258)

“Que firme, que clara sonaba su voz. Que seguro estaba de lo que decía. Con que presteza recriminaba a cualquier hijo de Satanás que no hubiera conseguido asesinar bárbaramente a algún mortal. Era la voz de un hombre la que oí brotar de labios del muchacho que había conocido tiempo atrás. Me estremecí horrorizado.”
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(Pág. completa 477)

“No podía soportarlo mas. Entré de inmediato en el salón de baile.
La orquesta interpretaba una de las fluidas y delicadas danzas que estaban de moda en aquel entonces, muy distinta de la música trepidente que se impondría posteriormente. El salón estaba lleno de rostros radiantes, figuras que bailaban alegremente en un sinfín de colores.
Miré a través de los animados asistentes, moviéndome despacio a lo largo de un muro y luego de otro.
De pronto la vi. Ella no se había percatado de mi presencia. Su compañero no le había enviado una advertencia mental.
Estaba sentada sola, magníficamente vestida con uno de sus elegantes atuendos, compuesto por un corpiño ceñido y una vistosa falda fruncida. Su bello y pálido rostro estaba enmarcado por su maravilloso pelo castaño, que llevaba artísticamente peinado en un moño alto adornado con rubíes y diamantes.
Me apoye en el clavicordio, sonriendo con benevolencia al músico que lo tocaba con gran destreza, tras lo cual me volví para mirarla.
Que expresión tan triste mostraba, que remota, que increíblemente hermosa. ¿Admiraba tal vez los colores de la habitación, como yo?, ¿Sentía hacia los mortales el dulce amor que sentía yo? ¿Qué haría al darse cuenta que la observaba?
No lo sabía. Temía su reacción. No podía adivinar nada hasta que oyera el sonido de su voz. Seguí contemplándola, saboreando ese momento de dicha a salvo de cualquier contratiempo.
De improviso, Pandora me vio. Me reconoció entre un centenar de rostros. Al mirarme, sus mejillas se tiñeron de rojo y abrió la boca para pronunciar mi nombre.
La oí a través de la sutil y dulce música.
Me lleve los dedos a los labios, al igual que había hecho Bianca hacia un rato, y le lancé un beso.
Que triste y contenta a un tiempo parecía. Me miro esbozando una media sonrisa. Permanecía inmóvil, como si no pudiera moverse, al igual que yo.
¡Aquello era intolerable!, ¡No soportaba permanecer separado de ella por esos volúmenes de silencio!
Atravesé rápidamente el salón y me incline ante ella. Tomé su mano fría y blanca y la conduje hacia la pista de baile, sin hacer caso de su resistencia.
-No, eres mía, mía, ¿Me oyes? -murmure-. No trates de apartarte.”
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(pag. 71)

-No conviertas la razón y la lógica en una religión –me dijo-. Porque, con el tiempo, la razón te fallara, y cuando esto suceda, quizá tengas que refugiarte en la locura.
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(pag. 286)

-¿Quién sois… en realidad? -me preguntó en un murmullo suave y vacilante.
-¿Y vos? ¿Quién sois en realidad? -contesté sonriendo. Bianca me miró muy seria. Luego sonrió también, pero no respondió, ocultando en su interior todos sus secretos, las cosas sórdidas, unas cosas relacionadas con sangre y oro.
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(Pag. 335)

“-Eres mío, Amadeo -musite, envuelto en esa dulce sensación-, Eres mío para siempre -dije-. Jamás he amado a nadie como te amo a ti.”
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(pag. 495 y 496)

“La hoja de pergamino estaba cubierta de polvo, y en cuanto la desdoble, leí una fecha escrita con tinta antigua que confirmaba que la carta había sido escrita la noche en que me separe de Pandora.
Fue como si los cincuenta años que me separaban de aquel dolor hubieran desvanecido.

Querido Marius.

Esta a punto de amanecer y solo dispongo de unos momentos para escribirte. Como te hemos dicho, nuestro carruaje partirá dentro de una hora para conducirnos a Moscú.
Nada ansío mas que ir a reunirme contigo ahora, Marius, pero no puedo. No puedo alojarme en la misma casa que alberga a los Ancianos.
Te ruego, amor mío, que vengas a Moscú. Te suplico que vengas y me ayudes a librarme de Arjun. Mas tarde, podrás juzgarme y condenarme.
Te necesito, Marius. Deambulare por las inmediaciones del palacio del zar y de la gran catedral hasta que aparezcas.
Se que te pido que emprendas un largo viaje, Marius, pero te ruego que vengas.
Al margen de lo que te haya dicho sobre mi amor por Arjun, lo cierto es que estoy sometida por completo a él y deseo volver a ser tu esclava.
PANDORA”

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