miércoles, 9 de diciembre de 2009

Nelson. (Cartas)

Querido Nelson.
By Insana.

Entraste aquí el 24 de Noviembre, y hoy ya es 28. En mi vida entraste hace siglos, y hoy ya es 28.

28 de Noviembre.

Verte aquí me deja ciego. Tu mirada ya no es la misma, aunque no es necesariamente peor, o mala. De hecho, puedo ver en ella todo un dejo de inocencia. Inocencia Nelson, eso es lo que nos falta a muchos de nosotros, de los que están allá afuera, aun en el lumbral de la jovialidad, incluido al mas viejo. Quien fuera tú Nelson, para ver el mundo como lo estas mirando en estos momentos, muy probablemente, tus últimos momentos. Quien fuera tú para ver una sonrisa, donde hay un gesto de asco. Quien fuera tú para sentir una caricia, donde hay un estrujón para someterte en la camilla. Quien fuera tú para escuchar una melodia, donde solo hay llanto.

Antes me gritabas: “Humberto, que milagro que te dejas ver”, y hoy solo gritas: “Karla ya¡”. Karla. Karla. Karla. ¿Quién será Karla?, yo se bien que es tu hermana, pero, me pregunto, ¿Quién será la Karla que protagoniza tus fantasías?, ¿Qué esta haciendo?, ¿le gritas que se detenga, o que haga algo inmediatamente?, seria: “Karla, ya arroja la pelota¡”, ó “Karla ya no me lastimes”. ¿Karla es la enfermera, ó es como llamas a tu medicina?... ¿Karla es un ángel?

Ya te has quedado muy quieto, por fin has podido dormir. Agradesco eso porque me estabas lastimando la mano cada vez que te querias levantar. Y este es el momento en el que me pongo a llorar. Lloro despacito, lo mas bajito que puedo, pues no te quiero despertar. Cuando lloro, soy una persona muy extraña, porque con las lagrimas en mis ojos veo prismas por todos lados, y empiezo a ver el mundo de una manera… llámale poética, o repugnante. Y veo en ti a un ave herida, un ave sometida por vendas a una camilla de metal, y cada vez que intentas escapar, se te quiebra un huesito mas, y uno mas, y uno mas. ¿Cuántos huesos te quedan?

Pero esto va a pasar. Para ti, para mí, y para todos los protagonistas de esta historia. Si te vas, lloraremos mucho, sin duda, pero un día dejaremos de llorar. Así somos los humanos, Nelson, somos células que crecen, que avanzan, organismos que curan, que sanan y continúan. Al igual que los humanos, las células caminan sobre nuestros cuerpos, como los humanos lo hacen sobre las ciudades. Tal vez también tengan jerarquías, algunas sean licenciadas, otras simples ciudadanas de la anatomía corporal. Y al igual que los humanos mueren, ellas también lo hacen. Y cuando una célula muere, es cuando decimos que sentimos un dolorcito en el pecho, justo como siento yo ahorita. Pero al igual que los humanos recogen y entierran a sus muertos, las células también lo harán. Y entonces el dolor desaparecerá.

Si te vas Nelson, si hay algún camino que tengas que seguir, corre muy recio, empuja a todos y no dejes que nadie se te atraviese, se el primero en llegar. Hazlo porque si no, cuando yo este en ese camino ni me lo pensaré y te dejare atrás.

Con amor, tu amigo.