sábado, 8 de noviembre de 2008

Aprender a perder (Cronicas)

Aprender a perder
by Insana.

Me robaron 2500 pesos. Me los robaron en el baño del trabajo, por lo cual, por lógica, fue una persona del trabajo. Una persona que sin duda me ha dirigido la palabra, sabe como me llamo, quizás sabe algunas de mis aficiones, algunos de mis desagrados, y podría saber incluso cosas que todos los demás ignoran, uno nunca sabe. Pudo ser una persona que me sonríe, o me hace gestos. Pudo ser una persona que se sienta a cenar conmigo todas las noches, a mi lado, o en el otro extremo de la mesa, pero conmigo... Una persona que sabe que el dinero es mío. La pregunta es, ¿Seguirá viéndome de la misma forma?, si tenemos una buena amistad, ¿seguirá dando frutos y sus raíces seguirá igual de cimentadas?, ¿nos reiremos igual cada vez que hay algo gracioso a nuestro alrededor? Por mi parte, como no se quien es y porque se le ocurrió husmear mi mochila, puedo estar seguro que no cambiara nada hacia esa persona. Pero, ¿él o ella cambiará?... Que manera tan extraña tenemos los humanos de relacionarnos. Nos hacemos daño, y sin embargo nos hacemos como que no nos damos cuenta.

Pero en fin. No se puede llorar por el dinero porque entonces la batalla de la vida ya la tienes perdida. Es patético quien llora por unos billetes. Además es más sustentable perderlo de lo que uno se puede imaginar. Ahorramos 5000 de terapia psicológica por sesiones, en las que aprenderemos lo que yo he aprendido: “Las cosas se van”. Si, se van y no vuelven. Todo de pronto, sin siquiera avisar. Tu mascota se muere atropellada un día, y no vuelve. Tus padres mueren antes que tu, en la mayoría de los casos, y no vuelven. Los hijos se van de la casa, y no vuelven. Los amigos se van, y no vuelven. Los amores… bueno, en fin. Y al igual como me pasó con mi dinero, ya no se puede hacer nada con ellos -los que se van-. No se puede planear nada con ellos. No se puede ilusionar nada con ellos. No se puede uno imaginar con ellos… porque ya se fueron, y quien quiera que se los haya llevado –el destino, el tiempo, la enfermedad, el ladrón-, no tiene ni tendrá planeado nunca –por lo menos en los casos conocidos-, regresarlos. Y uno tiene que aprender a perder esas cosas. Se van y ya…

Y bueno, después del atentado soy un pobre-temporal. En lo que la afluencia del restaurante sube y yo me dedico a recuperar ese dinero. La dependencia a ese tipo de cosas puede ser peligrosa: “un dinerito para esto”, “un dinerito para aquello”, “un dinerito para esto otro”, y de pronto…bom¡, “¿Un dinerito para mi?”. Aunque ya había saldado todas mis cuentas es un golpe bajo a mi estabilidad administrativa. Tenía muchas cosas planeadas para comprar con ese dinero, y para eso, si esa persona que lo ha tomado, lee la siguiente “Lista de planeaciones cortadas”, esta navidad puede regalarme algo de lo que viene aquí:

“Lista de Planeaciones Cortadas”


1- El Regalo de mi amiga G.M.G. que ya se lo prometí mucho y nada.
2- Una guitarra nueva porque la mía se murió astillada, y sin guitarra no puedo continuar con mis clases de música.
3- Una licuadora nueva para mis jugos de verduras¡¡¡
4- Mi despensa vegetariana¡
5- Los libros de Spiderwick.
6- Y lo más importante, la mensualidad en la escuela de fotografía, por no mencionar una mensualidad de la cámara fotográfica profesional que mas adelante tendré que comprar.

Cometela (Sueños)

¡Cométela!
By Insana.


Hay una enorme hamburguesa de carne y jamón de cerdo enfrente de mi, jugosa y enorme, como nunca había visto ninguna, con doble aguacate, mucha mayonesa y catsup, y queso burbujeante escurriendo por sus orillas… y todos los invitados me miran con expectación con sus cuchillos y su tenedor en la mano, sentados alrededor de una enorme mesa larga y fría. De pronto, como en una película (típico de los sueños) comienzan a golpear la mesa gritando y diciendo, como en una alabanza: cometela¡, cometela¡… Y yo miró la hamburguesa con indignación, la analizo, la abro y dentro de ella escucho una vocecita que me dice: no me comas, no me comas¡... Entonces me pongo de pie y me voy corriendo, y todos los de la mesa me persiguen. De pronto me canso mucho de correr y yo considero de un momento a otro que tengo mala condición física, y en eso aprese un entrenador, que me cobra 2500 por ponerme en condición, pero se sube a su motocicleta, me pide que espere y ya no vuelve. El ladrón no tiene rostro y al final termino mordiendo la hamburguesa de puro coraje.


· · ·
Wake up: [Soñado en la fecha 07.Noviembre.08] Después del sueño en el que mi madre me persigue gritando: “Insana, Insana vuelve a casa”, este es el segundo sueño mas extraño que he tenido en mi vida. Todo me lo puedo comprara con alguna caricatura. Lo de la hamburguesa, lo del ladrón. Aunque bueno, es lógico que lo de la hamburguesa exista porque estoy aun en la transición de mi conversión a ovolactovegetariano, y mas tarde a vegano. Y lo del ladrón por el percance en el que sufrí un robo me ha estado persiguiendo como una mosca durante estos últimos días. Mas sin embargo, en la vida real, nunca mas volveré a morder una hamburguesa. A menos claro, que sea de soya.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Corazón de tinta (Especiales)

Corazón de Tinta
By Insana.

Acabo de adquirir un libro muy interesante que ya me tiembla en las manos (ya voy en el capitulo siete y apenas lo compre hoy) y por las noches me susurra para que lo siga leyendo como un fantasma en el ropero que no se cansa de jugar. Ese es mi problema con los libros: me obsesiono tanto con ellos que olvido dormir, y el insomnio (uno de mis múltiples y “secretos [pero gracias a este medio ya no tanto] padecimientos) me desnivela mi estilo de vida por completo. ¿De que manera?, de muchas: si no me levanto temprano en la mañana (antes de las nueve) después la frustración me impide asistir al gimnasio, al que hago veinte minutos en bicicleta. Si no voy al gimnasio me siento enojado todo el resto del día. Por lo regular, si no voy tampoco al gimnasio toda la energía se me viene encima y a veces ando como desesperado antes de las seis. Si no voy al gimnasio no me gusta mi aspecto físico. Después de las seis se me baja, porque entro a trabajar, pero entonces me da hambre. Como no me levanté temprano no me puedo preparar un tentempié decente, y la panza me gruñe con constancia… y no es agradable tratarme con hambre. Por otro lado, si me desequilibro en mi alimentación comienzo a perder ánimos (gran parte de mi animo [lo he comprobado científicamente] se debe a la alimentación buena o mala que emplee diariamente) de vivir y puedo caer en depresión leve (¿Otro padecimiento?). Y ahora estoy tomando una dieta vegana-vegetariana que no se puede alterar de ninguna manera, mucho menos por motivos de horarios inflexibles. Y bueno, no esta demás decir que por estos mismos horarios inflexibles no me puedo dar las “horas” flexibles que suelo darme para diversos gustos personales: “Una hora para ver o leer Discovery Chanel”, “Una hora para navegar en internet” (o varias), “Una hora para escribir” (continuar algún libro en el que este trabajando, algún reportaje, algo de letras poéticas, entre otros, como este garabateo), “Una hora para alguna actividad libre”… entre “una hora para otras cosas”… Bueno, todo esto por un libro.

Por otro lado, no me arrepiento. El libro esta buenísimo. Creo que he comprobado que mi ámbito literario favorito es el de la ciencia ficción, el de la fantasía, al que pertenecen los mundos de Harry Potter (el primer libro que tuve en la mano pertenecía a esta saga), Eragón, Spiderwick, Narnia, La Tierra Media… entre muchos otros, menos conocidos, pero no menos importantes (si no los menciono es por una razón: en el anonimato están mejor, puesto que cuando algo se vuelve famoso pierde textura). Este tipo de temática me transporta siempre a un recuerdo muy placentero que pocas veces puedo evocar, salvo, claro esta, cuando leo libros como este: mi infancia. Si, un tema que para mi es intratable, casi siempre excluido de cualquier comentario, como si no fuera muy importante. Pero al contrario de todo lo que uno desea no mencionar, esto se contradice con libros de hadas, dragones o unicornios. Siempre soy el pequeño protagonista de la historia. Siempre soy el pequeño aventurero que descubre un mundo inmenso repleto de seres que siempre creyó que no existían. Ese era yo cuando tuve un libro por primera vez en mis manos, y ese libro era el mundo que descubría, tan explicito e inmenso, siempre abierto para aquel que deseara una opción alternativa para una vida simple, tonta, de risa. Ese era yo descubriendo el poder de transportarte a una historia a través de la imaginación. Un poder que no todos poseen.

Iba a comprar un libro de Anne Rice, pero la verdad en estos momentos no quiero convertirme en un vampiro homosexual y enamorado de los misterios eternos de la vida. Además, estoy molesto con ella desde su ultima publicación: “El Mesías”, y su alegato de la luz que vio y no se que tantas chingaderas… cuando se centre de nuevo en lo que era considerare comprar un libro de su autoría de nuevo. Por esta vez le tocó a Cornelia Funke, una autora de origen alemán, pedagoga e ilustradora de cuentos infantiles, y al primer tomo de su Trilogía de la Tinta: “Corazón de Tinta”, que trata sobre una niña que va descubriendo el misterioso mundo en el que su padre, al que llama Mo, esta entrelazado misteriosamente. Su padre tiene, además, un don muy especial: darle vida a los personajes de los libros que lee en voz alta… wow. La trama de entrada esta buena. El comienzo esta pegajoso, y ahora solo falta ver como terminará…