By Insana.

Es muy fácil odiarla. Tan solo tienes que mirar sus pupilas cristalinas y te preguntaras inmediatamente, casi por inercia: “¿Por qué llora?, ¿Qué le sucede?, ¿Le duele algo?, ¿Por qué su mirada resguarda tanto dolor?...”, después, cuando veas que el llanto no termina, te hartarás de eso y dirás: “Que ridícula, que se detenga, es patética.”. Y cuando menos lo esperes, estarás odiando a Jenny Secter.
La conocí por primera vez diciendo: “Maté a Sarah Shuster”, mientras hablaba con su antiguo profesor de literatura, después de asesinar en una de las historias que estaba escribiendo, a su propio alter ego llamado Sarah Shuster. Inmediatamente sentí como una chispa en el pecho. No se a cuantas personas puede sucederle eso, pero yo lo sentí. Vi su mirada, y aunque era la mirada de Mia Kristen, lo que vi fue realmente a Jenny. Una criatura indescriptible para muchos, pero completamente entera y perfecta para mi.
No quiero hablar de su historia, porque, ¿Quién realmente la sabe?, ella misma olvida su infancia y comienza a atorarse en un espiral giratorio y sin fondo cuando intenta recordarla. Pero es memorable mencionar el momento en el que Jenny conoce a Marina. Fue el momento en el que la bestia que había estado encarcelada dentro de su ser fue liberada. Desde ese momento, todo en Jenny consiste en intentar volver a apresarla. Pero vaya, para entender lo que digo t
endrías que verla diciendo: “Oh, mierda¡”, cada vez que algo no le sale bien. El ser que Jenny es, cambia, se muta, se adapta y desadapta a las situaciones que le rodean. A través de su mirada, el mundo es solo uno, muy a su estilo.Todos tienen un problema con Jenny. Todos lo tienen. Desde el espectador de la serie, los personajes que le acompañan en la historia, no dudaría que el mismo guionista, o la persona que creo su personaje, hasta ella misma tiene un problema con ella. Ese es mi problema con ella, que yo no lo tengo. Jenny soy yo. Y es un pedazo de todos nosotros. Es un recuerdo constante de nuestra más sombría personalidad, nuestros deseos, nuestros miedos. Por eso la matamos y después le echamos un puñito de tierra en el rostro, porque es más fácil aparentar que su enigmática locura se debe a un tornillo suelto en su cabeza, y que nosotros, entiéndase claro, nosotros jamás en la vida nos hemos sentido o nos llegaremos a sentir como ella.
Ocultaremos esa verdad. Sus hermosos ojos permanecerán cerrados para siempre. Gracias Jenny.
