domingo, 1 de agosto de 2010

La misma canción triste (Cronicas)


La misma canción triste.

By Insana.


Cielos, he desperdiciado mucho tiempo. Lo admito.

La verdad he estado sumido en una especie de viaje astral causado por la inesperada muerte de un amigo mío. Pero no es una excusa muy propia de mí. Los muertos con los muertos y los vivos con los vivos. El recuerdo… es solo un recuerdo. Pero el viaje astral en el que he estado inmerso consistía en una serie de remembranzas de juicio sobre lo que he hecho en mi vida. ¿Dónde he estado? ¿Qué he hecho? ¿he amado lo suficiente y odiado lo suficiente también? No… todo ha ido mal.

Recuerdo hace muchos años, cuando tenía entonces mucha filosofía y poca matemática, no era nada calculador a la hora de actuar. Me entregaba a mis pasiones como un drogadicto se entrega a la Diosa Madre del Crack y sus tetas jugosas. Ahí estaba yo… inocencia en mano izquierda y corazón en la derecha, diciéndole: “haz con esto lo que quieras, chángatelo si eso te hace feliz… pero no me dejes”.

¿Cuántas veces me he fallado? Me he defraudado a mi mismo, a mi orgullo, a mi ser, a mi humanidad. El resultado es que ahora intento escribir algo alegre y me salen puras mierdas. ¿Algún día me cansare de escuchar la misma canción triste?

Estoy sumido. No puedo abrir los ojos y me falta el aire. Todo esta apunto de terminar, tomo calma. Pero mi madre siempre me habla en el momento preciso y me dice que es hora de ir a la escuela. Debo despertar. Debo despertar… solo debo…

Nunca me atreví a penetrar mi carne. Nunca tuve el valor. Siempre veía mi rostro reflejado en la hoja del cuchillo, junto a mis venas, y mi reflejo me decía desesperado que no lo hiciera, ¿acaso le tenia compasión?

De nuevo pienso en Nelson. Ya han pasado tres meses desde su partida. Pero sigo teniendo pesadillas con su rostro en esa camilla. Sigue visitándome en sueños y me toma de la muñeca, me quema. Ahora me pregunto… ¿Por qué me lastimas?

He dejado mis labores. He dejado de escribir por estos tres meses. Me he alejado de los que amo. He temido demasiado. Otro amigo más ha muerto, de la misma forma que murió Nelson. Y otro amigo más se nos esta yendo también. Esta semana ha sido de completa reflexión. Si bajo mi piel corre la muerte, no quiero que me atrape sin que hubiera hecho todo lo que tengo planeado hacer, y que por decidía, una y otra vez he postergado, seguro de que viviría cientos de años para hacerlo (¿Por eso me lastimas?). Quiero publicar un libro, o tal vez miles de libros. Quiero aprender a tocar bien la guitarra y el piano, y escribir muchas canciones. Quiero aprender a cantar. Quiero diseñar muchas cosas, y construir muchas cosas más. Quiero amar y ser amado como en los cuentos clásicos. Quiero hacer el amor y entrelazarme en una sola piel con alguien. Quiero ir a dormir un día y ver el cielo por última vez, y en las estrellas ver el camino reflejado, claro como un mapa, diciéndome que es hora de partir. Y quiero que al despertar no sienta nada, no vea nada, no huela nada, no palpite nada dentro de mí. Quiero irme en paz, sin guerras ni resentimientos, y nunca mas volver a hablar de la muerte.

jueves, 1 de julio de 2010

Vuelve. (Cartas)

Vuelve
By Insana.
Me intrigas. Me vuelves subversivo con tu forma de pensar. Todo el día estoy pensando en que tontería inventaras. Me excitas, y a veces me deprimes también.

Una vez te vi rasurándote después de tener sexo. Dejaste la puerta del baño entreabierta y veía tu perfil mirando fijamente al espejo. Tan masculino. Tan como me gustas. Y de pronto te llevaste la navaja al cuello y yo me quedé sin respirar un segundo… pensando,
asustado, incapaz de moverme… y después de una eternidad volviste al rasurado.

¿Cuántas veces te he asesinado? Me lo has pedido muchas veces, y ninguna he accedido. He matado a mil personas sin siquiera reparar en su mirada suplicante (Soy una medusa, ¿recuerdas?), pero a ti nunca he podido apuntarte. Solo he podido besarte y abordarte con mi cuerpo, embestirte mientras te lo hago es lo más agresivo que te he hecho, y aun así me siento mal.

Y así tan listo, buscas que te mate. Me retas a hacerlo. Te vas con otros y vuelves. Me volteas la cara. No contestas mis llamadas. Te ríes de mi arte, y de mis cartas también (seguro te estas riendo de esta). Y cuando ves que no cedo, vuelves de nuevo. Te quitas la ropa, me muerdes el cuello y después del sexo me invitas a dormir, a soñar, a entrelazarnos en la soledad de nuestras profundas mentes, cubiertos solo por el pétalo de una sabana fría.

Anoche, antes de que te fueras y dejaras la puerta abierta, soñé que Dios existía y que me decía que mi labor era amarte. Y tú sabes lo que eso significa. Para Dios amar es morir. ¿Debo morir por ti?, ¿debo dejar que el único dogma de la vida descienda sobre mi? ¿por ti? ¿por fin?
Vuelve amor. Te extraño.

lunes, 11 de enero de 2010

Tornillo (Cuentos)

Tornillo
By Insana.
Caminé sin mirar atrás, conciente de que alguien me seguía, pero al mismo tiempo, conciente de que esos pasos eran mi conciencia. Huí de ella, corrí más recio, hasta que casi deje de escucharla. Después me puse una venda en los ojos y le ordené a mi cerebro que olvidara la esencia de todas las cosas. Ya no sabía nada. Ya no sabía como era el color verde, como era un círculo, como era el frío o el calor. Continué caminando, adentrándome mas entre un laberinto de calles impenetrables, a las que solo tenia que ordenarles "abran paso" y me decían por donde debía continuar. Y escuché que alguien se reía de mí, pero una vez mas, era mi conciencia que me había alcanzado. "¿Donde estas?", me preguntó, "¿a donde vas?, ¿como has llegado aquí?". No supe contestar, no tenia la respuesta. Abrí la boca para decir algo pero solo emití un sonido bobo, pues había olvidado como hablar. Entonces me volví un poco y mi cuerpo aun sensible se fue hacia atrás, me golpeé la cabeza contra el suelo y vi un resplandor fatal, que desintegro la venda que me había cubierto los ojos... no, no los ojos, si no todos los sentidos. Escuché el trafico, escuché que unas señoras hablaban cerca de mi, escuché a un niño que lloraba, a un perro que ladraba. Abrí los ojos para verlos, estaban alrededor de mi, me apuntaban, y algunos hasta me veían con cara preocupada.

-¿Se encuentra bien, joven? -me preguntó una chica de aspecto noble, pero cuando quise contestar, volvió a salir de nuevo ese sonido bobo de mi boca. La chica retrocedió.

-Déjalo, Marietta -le dijo un chico-, esta loco.

Esta loco. Esta loco. Esta loco. Esta loco. Esta loco. Esta loco.
La frase se multiplicó en mi cabeza mil veces. Miré al suelo y vi mis pies, con las uñas largas como pezuñas, con mugre acumulada. Seguí el rastro de la suciedad hasta llegar a mis rodillas, que estaban negras. Me topé mas arriba con un taparrabos, o eso parecía el short de mezclilla jiriolo que llevaba puesto. También llevaba una camisa grasosa y rota. Levanté las manos ante mis ojos y vi que parecían una maraña de garabateos de pluma sobre papel. Me toqué el rostro, o más bien, la calavera fría que era mi cabeza. Y mi cabello era un trapo arremangado de mugre, tierra y cabello entrelazados. Quise hablar pero... no podía, siempre emitía ese sonido bobo sin cesar. Comprendí que lloraba porque me ardían las lágrimas en el rostro. Cuando mi visión se volvió borrosa y los de alrededor también, vi a alguien parado frente a mi, impasible y tranquilo. Me limpié los ojos y vi de quien se trataba: Era yo. Bueno... era el yo joven, guapo y arreglado.

-¿Que me ha pasado? -le pregunté, pero él no respondió. Una señora a un lado de mí le murmuró:

-Válgame Dios, ya esta hablando solo.

Nadie veía a mi yo joven, excepto yo mismo. Nadie vio que levantaba la mano y me enseñaba algo, una cosa diminuta que yo miré con ojos desorbitados.

-¿Necesitas esto? -me preguntó mi yo joven, y me enseñó el tornillo que sostenía en la mano-, se te ha perdido.

-¡Dámelo! -grité de pronto, desesperado.

-Aunque te lo diera -me dije yo mismo-, de nada serviría, nunca sabrías como colocártelo de nuevo en el cerebro.

Me lancé sobre mí y me agarré del cuello violentamente, mientras yo levantaba la mano para alejar de mí el tornillo. Las señoras comenzaron a gritar, pero ninguna hizo nada más. Algunos niños reían. La chica noble les rogaba que dejaran de burlarse de mí. Yo, mientras tanto, seguía estrangulándome, mirando mi mano levantada con ojos de deseo desesperado. Entonces miré hacia un lado, y en una de las tiendillas que me rodeaban, había un espejo, y vi en el que tenia las manos extendidas y que ahorcaba al viento. Cuando me volví para mirarme entre mis manos, ya no había nada, había desaparecido con todo y tornillo. Me eché a llorar hecho un ovillo en el suelo. ¿Que me ha pasado? ¿que es todo esto?, me pregunté, pero no supe que contestar.
De pronto, la chica noble se me acercó y me extendió algo blanco:

-Tenga joven, se le ha caído esto -dijo ella, y me entregó una venda blanca. Empecé a reír con júbilo, aunque no sabia porque esa venda me animaba tanto. Sin miramientos me la volví a poner y entonces todo volvió a la calma. No sabía nada. No sabía como era el color rojo, ni como era un cuadrado, ni como se sentía una ráfaga de viento. Una vocecilla me hablo al oído, pero antes de que dijera algo más, le espeté:

-Ya déjame en paz, no te necesito, ¡me enloqueces!