by Insana.
Me robaron 2500 pesos. Me los robaron en el baño del trabajo, por lo cual, por lógica, fue una persona del trabajo. Una persona que sin duda me ha dirigido la palabra, sabe como me llamo, quizás sabe algunas de mis aficiones, algunos de mis desagrados, y podría saber incluso cosas que todos los demás ignoran, uno nunca sabe. Pudo ser una persona que me sonríe, o me hace gestos. Pudo ser una persona que se sienta a cenar conmigo todas las noches, a mi lado, o en el otro extremo de la mesa, pero conmigo... Una persona que sabe que el dinero es mío. La pregunta es, ¿Seguirá viéndome de la misma forma?, si tenemos una buena amistad, ¿seguirá dando frutos y sus raíces seguirá igual de cimentadas?, ¿nos reiremos igual cada vez que hay algo gracioso a nuestro alrededor? Por mi parte, como no se quien es y porque se le ocurrió husmear mi mochila, puedo estar seguro que no cambiara nada hacia esa persona. Pero, ¿él o ella cambiará?... Que manera tan extraña tenemos los humanos de relacionarnos. Nos hacemos daño, y sin embargo nos hacemos como que no nos damos cuenta.
Pero en fin. No se puede llorar por el dinero porque entonces la batalla de la vida ya la tienes perdida. Es patético quien llora por unos billetes. Además es más sustentable perderlo de lo que uno se puede imaginar. Ahorramos 5000 de terapia psicológica por sesiones, en las que aprenderemos lo que yo he aprendido: “Las cosas se van”. Si, se van y no vuelven. Todo de pronto, sin siquiera avisar. Tu mascota se muere atropellada un día, y no vuelve. Tus padres mueren antes que tu, en la mayoría de los casos, y no vuelven. Los hijos se van de la casa, y no vuelven. Los amigos se van, y no vuelven. Los amores… bueno, en fin. Y al igual como me pasó con mi dinero, ya no se puede hacer nada con ellos -los que se van-. No se puede planear nada con ellos. No se puede ilusionar nada con ellos. No se puede uno imaginar con ellos… porque ya se fueron, y quien quiera que se los haya llevado –el destino, el tiempo, la enfermedad, el ladrón-, no tiene ni tendrá planeado nunca –por lo menos en los casos conocidos-, regresarlos. Y uno tiene que aprender a perder esas cosas. Se van y ya…
Y bueno, después del atentado soy un pobre-temporal. En lo que la afluencia del restaurante sube y yo me dedico a recuperar ese dinero. La dependencia a ese tipo de cosas puede ser peligrosa: “un dinerito para esto”, “un dinerito para aquello”, “un dinerito para esto otro”, y de pronto…bom¡, “¿Un dinerito para mi?”. Aunque ya había saldado todas mis cuentas es un golpe bajo a mi estabilidad administrativa. Tenía muchas cosas planeadas para comprar con ese dinero, y para eso, si esa persona que lo ha tomado, lee la siguiente “Lista de planeaciones cortadas”, esta navidad puede regalarme algo de lo que viene aquí:
“Lista de Planeaciones Cortadas”
Pero en fin. No se puede llorar por el dinero porque entonces la batalla de la vida ya la tienes perdida. Es patético quien llora por unos billetes. Además es más sustentable perderlo de lo que uno se puede imaginar. Ahorramos 5000 de terapia psicológica por sesiones, en las que aprenderemos lo que yo he aprendido: “Las cosas se van”. Si, se van y no vuelven. Todo de pronto, sin siquiera avisar. Tu mascota se muere atropellada un día, y no vuelve. Tus padres mueren antes que tu, en la mayoría de los casos, y no vuelven. Los hijos se van de la casa, y no vuelven. Los amigos se van, y no vuelven. Los amores… bueno, en fin. Y al igual como me pasó con mi dinero, ya no se puede hacer nada con ellos -los que se van-. No se puede planear nada con ellos. No se puede ilusionar nada con ellos. No se puede uno imaginar con ellos… porque ya se fueron, y quien quiera que se los haya llevado –el destino, el tiempo, la enfermedad, el ladrón-, no tiene ni tendrá planeado nunca –por lo menos en los casos conocidos-, regresarlos. Y uno tiene que aprender a perder esas cosas. Se van y ya…
Y bueno, después del atentado soy un pobre-temporal. En lo que la afluencia del restaurante sube y yo me dedico a recuperar ese dinero. La dependencia a ese tipo de cosas puede ser peligrosa: “un dinerito para esto”, “un dinerito para aquello”, “un dinerito para esto otro”, y de pronto…bom¡, “¿Un dinerito para mi?”. Aunque ya había saldado todas mis cuentas es un golpe bajo a mi estabilidad administrativa. Tenía muchas cosas planeadas para comprar con ese dinero, y para eso, si esa persona que lo ha tomado, lee la siguiente “Lista de planeaciones cortadas”, esta navidad puede regalarme algo de lo que viene aquí:
“Lista de Planeaciones Cortadas”
1- El Regalo de mi amiga G.M.G. que ya se lo prometí mucho y nada.
2- Una guitarra nueva porque la mía se murió astillada, y sin guitarra no puedo continuar con mis clases de música.
3- Una licuadora nueva para mis jugos de verduras¡¡¡
4- Mi despensa vegetariana¡
5- Los libros de Spiderwick.
6- Y lo más importante, la mensualidad en la escuela de fotografía, por no mencionar una mensualidad de la cámara fotográfica profesional que mas adelante tendré que comprar.


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