By Insana.
Cuando el humano se lastima, aparecen las heridas, aunque no se les necesite. Uno puede sentir el dolor plenamente si la necesidad de su presencia. Pero ellas siempre son fieles, guardianas del misticismo que envuelven. Llegan con el dolor, alegres, casi tomándole la mano. Nos hacen sangrar, se abren y palpitan, mostrando la carne cruda en el interior de nuestros cuerpos. Y después de que han exprimido el dolor necesario para cada situación, se cierran, pero nos dejan una marca que no se va nunca, mancillando así, la lisa pared virginal de una memoria perturbada, porque, cada vez que las miremos, nos recordaran el dolor de un pasado, y quizás la finalidad de esa acción sea
preguntarnos si lo queremos de vuelta.
preguntarnos si lo queremos de vuelta.
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