By Insana.
Alguna vez me sentí verdaderamente asustado. Sentí que perdía la ilusión de saber que puedo ser grande. Sentí que caía en un enorme abismo sin final en donde solo existía el eco de alguna mugrienta canción. Con mi traje mas soso ataque de frente, levante la mirada, enfrente el destino, derrame mil lagrimas, me limpie la cara y abrí la puerta… “hay que seguir”, me decía el corazón. Aprendí que en estanques nadie es grande. Aprendí que hay que buscar el riachuelo que lleva al mar. Evolucionar, si se puede, tratando de llevarte lo bueno del pasado, nunca lo malo, pero no olvidarlo. Cambiar de perdulario, cambiar de alas, cambiar incluso de cielos, dejar de temer por todo, abrir tu corazón a quien venga… saber que siempre habrá un colchón a donde ir a caer al final del día. Tener la confianza de que cuando llores, habrá alguien a tu lado recogiendo en un cubo tus lágrimas enjugadas, como quien recoge flores. Saber que muy en el fondo, sin importar cual fue el final del truco: a un drogadicto, a un VIH positivo, a un maestro de letras, a un ama de llaves, a un gato domestico… saber siempre, que en la vida, es mejor haber intentado amar, que nunca haberlo hecho y haber muerto en el intento.


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