by Insana.
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Un hombre intenta entrar a mi casa por la ventana. Como es media noche, me sobresalto y me pongo nervioso. Intento accionar el apagador pero no hay electricidad… alguien ha cortado seguramente un cable. Me pongo a temblar. El hombre se ha atorado en la v
entana. Puedo verlo claramente mientras forcejea para pasar al interior de mi casa, esta es mi oportunidad… tomándome de todo el valor que aun poseo, cojo un cuchillo del comedor y me lanzó sobre el hombre… lo apuñalo por la espalda dos veces, tres, cuatro, cinco, seis, siete veces, de pronto me estoy riendo de forma maniaca… y entonces todo esta rojo, mis manos, mi camisa, el cuerpo de aquel hombre muerto sobre la sala, y su enorme bolsa verde a un lado… suelto el cuchillo y tomo aquella bolsa verde, rápidamente, conciente de lo que sucedería enseguida, pero entonces… otro hombre sale de esa bolsa verde y me toma por el cuello… comienza a estrangularme, y se burla de mi de manera graciosa mientras lo hace (jo jo jo jo jo)… comienza a faltarme el aire, ese hombre de barba blanca esta presionando de manera severa sobre mi cuello. Mi cabeza cambia de color como en las caricaturas, de morado a verde, después a amarillo y luego a rojo (lo se porque el espejo se encuentra justo enfrente de nosotros y aprovecho para verme mientras todo sucede) y entonces, por el mismo espejo veo el reflejo del cuchillo ensangrentado al lado de mi, y sin pensarlo dos veces intento tomarlo, pero aquel hombre lo toma primero y justo cuando esta apunto de clavármelo en el pecho… aparece mi sobrina:
-¿Santa, eres tu?
Entonces ella acciona el interruptor y la luz se enciende. Al mirar en el espejo lo único que alcanzo a ver es el talón de la bota negra de aquel hombre escabullirse por la ventana. No hay sangre, no hay hombre, no hay bolsa negra… no hay nada, lo único que hay es una muñeca rubia en mis manos que de manera sexosa me muestra sus senos destrozados. Así es, destrozados por el cuchillo que vigorosamente se mueve en su interior plástico gracias a mis manos. Mas allá de eso, una envoltura de regalo hecha añicos regada por todas partes, y las lagrimas de mi sobrina rociando todos los trocitos.
La próxima vez, juro que lo atraparé.
entana. Puedo verlo claramente mientras forcejea para pasar al interior de mi casa, esta es mi oportunidad… tomándome de todo el valor que aun poseo, cojo un cuchillo del comedor y me lanzó sobre el hombre… lo apuñalo por la espalda dos veces, tres, cuatro, cinco, seis, siete veces, de pronto me estoy riendo de forma maniaca… y entonces todo esta rojo, mis manos, mi camisa, el cuerpo de aquel hombre muerto sobre la sala, y su enorme bolsa verde a un lado… suelto el cuchillo y tomo aquella bolsa verde, rápidamente, conciente de lo que sucedería enseguida, pero entonces… otro hombre sale de esa bolsa verde y me toma por el cuello… comienza a estrangularme, y se burla de mi de manera graciosa mientras lo hace (jo jo jo jo jo)… comienza a faltarme el aire, ese hombre de barba blanca esta presionando de manera severa sobre mi cuello. Mi cabeza cambia de color como en las caricaturas, de morado a verde, después a amarillo y luego a rojo (lo se porque el espejo se encuentra justo enfrente de nosotros y aprovecho para verme mientras todo sucede) y entonces, por el mismo espejo veo el reflejo del cuchillo ensangrentado al lado de mi, y sin pensarlo dos veces intento tomarlo, pero aquel hombre lo toma primero y justo cuando esta apunto de clavármelo en el pecho… aparece mi sobrina:
-¿Santa, eres tu?Entonces ella acciona el interruptor y la luz se enciende. Al mirar en el espejo lo único que alcanzo a ver es el talón de la bota negra de aquel hombre escabullirse por la ventana. No hay sangre, no hay hombre, no hay bolsa negra… no hay nada, lo único que hay es una muñeca rubia en mis manos que de manera sexosa me muestra sus senos destrozados. Así es, destrozados por el cuchillo que vigorosamente se mueve en su interior plástico gracias a mis manos. Mas allá de eso, una envoltura de regalo hecha añicos regada por todas partes, y las lagrimas de mi sobrina rociando todos los trocitos.
La próxima vez, juro que lo atraparé.

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